jueves, 29 de noviembre de 2012

Estar seco


Me desperté por la mañana un poco más seco que de costumbre. Sabía que el hecho de cumplir años implicaba más edad, quizá más canas y más arrugas, algún posible malestar orgánico, pero no sequedad.
Sin embargo, te miro sentado a la mesa y… estoy seco.

¿Por qué antes no había ocurrido?, ¿cuál es la diferencia entre 37, 42 o ahora 50?
Sí, sí… ya sé que para algunos 50 es un número fuerte. Fuerte en muchos aspectos: la mitad de un siglo, la mitad de un peso completo, un porcentaje equitativo… y respecto a la edad en el ser humano, una cifra representativa de… quién sabe que tantas cosas.
Incluso entiendo que... después de 50 años de vida, las cosas no se miren igual. Vista cansada, dicen algunos; más experiencia, argumentan los fanfarrones; menos expectativas, piensan los melancólicos; y para los realistas: se nos acaba el tiempo.
El caso es que, lentes aparte, la mirada debe cambiar. El vistazo que se echaba de vez en cuando hacia el camino andado, ahora se convierte en tentación de correr en rotundo retroceso.
¿Por qué? Porque quizá es ahora cuando se evocan los pormenores del recorrido y se piensa en... si se habrá caído algo importante durante el trayecto… si se dejó de mirar algo que valía la pena… si aún habrá cosas que sean importantes en los siguientes pasos… si aún hay tiempo para seguir caminando.
Sentado a la mesa… te miro seco también.

Y mientras la vista prefiere nublarse un poco para evitar mirar clarito… otras cosas cambian en el cuerpo: la piel, el cabello, los músculos, los huesos…
Todo es notorio… o notable…
La piel, por ejemplo, se siente más rígida, menos lubricada y por tanto menos resbaladiza. Sus pliegues se acomodan en cualquier superficie que tocan e, incluso, podríamos pensar que embonan mejor… se agarran, se aferran… a las cosas… a la vida quizá.
El cabello… se aligera y blanquece… como nieve que cae en copos dejando huellas de su presencia a cada paso.
Los músculos, a diferencia de los pliegues, se relajan y suavizan, como si olvidaran la estresante idea de ser enérgicos y decidieran sosegarse… bajar la guardia, serenarse, disfrutar.
Y los huesos… aprovechan la fragilidad de los músculos para irse perfilando, para marcar su territorio, para llamar la atención, para ir buscando su papel protagónico en la siguiente escena –aquella que no mencionaremos para no adelantar el final pero que, para dar una pista, es aquella donde todo se cae, empezando por la carne-.
Y quizá de ahí viene la sequedad… de que la carne y su pellejo hayan pasado a un rol secundario y sean los huesos quienes reclaman su lugar; de que las lágrimas se están terminando, de que la lengua ya no juguetea en la saliva, de que se acabo la sed…
Sed de ser, sed de amar, sed de triunfar, sed de vivir…

Pero caray, aunque no haya sed, ¿por qué dejar de beber? Beber para saborear… o aunque sea para tragar y llenar… ¿y por qué no? Beber por el otro, el de enfrente: el que se siente vacío, el que no puede hablar, el que grita sin ser escuchado, el que te ve “dejarte”, secarte; el que te mira sentado a la mesa.
Sí, yo estoy vacío… y me siento seco. Como tú… aunque yo no cumpla 50 años… aunque yo no decida cómo estar... aunque yo sólo sea tu vaso.  

miércoles, 28 de noviembre de 2012

sábado, 3 de noviembre de 2012

Un cuento...

Calacas!

Hola
Mi aportación es la idea de un producto comercial. Se trata de una planilla con imanes (o stickers re-usables) para diseñar calaveritas personalizadas para adornar el refri.
Adjunto la planilla y algunos ejemplos de las calaveritas ya armadas.

Saludos!

jueves, 1 de noviembre de 2012

Rebeca y Coy

Pues decidimos hacer un proyecto juntos, el texto es de Rebeca y las imagenes  mias, espero les guste